Publicado por Luz Jopia [admin] el 12/12/2015 (180 lecturas)

El encuentro anual de relaciones internacionales de UPLA se realizó este año en Ciudad de Guatemala y estuvo destinado a analizar los procesos migratorios que se están dando en el en el continente y el mundo, junto con los efectos que ello trae consigo tanto a nivel regional como global.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 9/12/2015 (477 lecturas)
(08 de diciembre 2015. El Venezolano).- El expresidente salvadoreño, Armando Calderón, expresó este lunes en la noche que “América Latina y el mundo está celebrándo que se diése un verdadero cambio en Venezuela. Se esperaba que el pueblo se volcara a votar y el pueblo se volcó. Eso ha sido lo maravilloso”.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 28/10/2015 (213 lecturas)
La Fundación Nueva Democracia con el auspicio de la Fundación Konrad Adenauer, invitan a usted a participar en el Foro: Estado de la Democracia 2015 conmemorando los 33 años de democracia en Bolivia, con el propósito de analizar la situación actual, problemas y desafíos de la democracia boliviana.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 27/10/2015 (194 lecturas)
El próximo 22 de noviembre los argentinos elegirán al presidente que conducirá el destino del país los próximos cuatro años, en un balotaje que se presenta electrizante. El pueblo argentino deberá elegir entre la continuidad del modelo kirchnerista encarnado por la candidatura de Daniel Scioli o la alternativa de cambio liderada por Mauricio Macri.
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La España encabritada - Por Álvaro Vargas LLosa
Publicado por Luz Jopia [admin] el 6/6/2011 (508 lecturas)


Por Álvaro Vargas LLosa
Que la protesta haya sido opacada por la forma institucional en que los españoles expresaron su rechazo al gobierno de Rodríguez Zapatero no quita que sus razones sean reales y que el movimiento pueda relanzarse más adelante.

España ha vivido en las últimas dos semanas una convulsión política cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo. De forma espontánea, pero muy bien organizada, cientos de miles de personas, en su mayoría relativamente jóvenes, han atiborrado las plazas de medio país, en especial la de la Puerta del Sol, en Madrid, para expresar su repudio a la clase política. Pero el domingo pasado, en los comicios municipales y autonómicos, el descontento, amplísimamente confirmado, tuvo una expresión institucional, es decir, ajustada al sistema al que se suponía un gran sector del país quería recusar.

¿Qué pasó?

Se hablaba en días previos a los comicios de un aumento exponencial de la abstención, que en España bordea el tercio de los votantes aptos para ejercer el sufragio. Al calor de la plataforma "Democracia real ya", poco menos de medio millón de personas, sin violencia y con un grado de coordinación poco común, tratándose de convocatorias hechas por las redes sociales y sin liderazgo visible, habían opacado por completo la campaña electoral. Se hablaba de un fenómeno comparable al de Mayo del 68 en Francia, aquella rebelión juvenil que cambió las costumbres de muchos países occidentales y remeció el sistema político en su día. Se decía que los de ahora eran representativos de un vasto sector de españoles, empezando por el 20 por ciento de desempleados y, en el caso de los jóvenes, 40 por ciento de aspirantes frustrados a conseguir trabajo. Aunque nadie tenía ciento por ciento claro cómo se traduciría este revulsivo en las urnas, todos daban por descontado que el impacto sería un parteaguas en la España de este comienzo del siglo XXI.

Y, sin embargo, eso no ocurrió. La participación de votantes aumentó en un punto porcentual en comparación con la anterior elección. Aunque es verdad que el voto blanco o nulo, que no es muy grande en España, se duplicó (hubo más de 380,000 votos nulos), el efecto quedó opacado por el primer dato, pero, sobre todo, por la marea azul -el color del opositor Partido Popular-, que cubrió casi todo el país de forma aplastante. Con más de 10 puntos de ventaja sobre los socialistas y casi 38 por ciento de los sufragios, los "populares" serán gobierno en 11 de las 13 autonomías que estaban en juego, incluyendo algunas como Castilla-La Mancha, donde el predominio socialista llevaba mucho tiempo. Con unos 4.500 concejales más que sus adversarios, los conservadores se apoderaron de municipios que hasta hace poco parecían cerrados a cal y canto a su mensaje y su ideología, como el bastión socialista de Sevilla, y forzaron la expulsión de socialistas en otras localidades, como Barcelona, donde permitieron con ello el triunfo de opciones con las que se podrían eventualmente entender (en este caso el principal partido nacionalista catalán).

Lo que ha sucedido, anticipo del más que probable triunfo del Partido Popular en los comicios generales que se celebrarán, si no hay elecciones anticipadas, el año que viene, no debería extrañar tanto como parece. También en Francia la explosión de rebeldía de Mayo del 68 fue seguida de un triunfo conservador aplastante, en aquel caso el del general De Gaulle, aunque la diferencia es que en esta oportunidad los conservadores españoles estaban en la oposición y canalizaban el descontento. Porque en esto reside la clave de todo: en haber canalizado el descontento. Los "populares" han sumado dos millones de votos nuevos y los socialistas han perdido millón y medio. La Izquierda Unida ha aumentado sus votos, pero no de un modo muy sustancial, en cualquier caso, no como para haber capitalizado el descontento. El millón y medio de votos socialistas descontentos se han repartido, por tanto, entre IU y el voto en blanco y nulo, algo que ocurre con mucha frecuencia cuando los socialistas gobiernan. Por tanto, no se puede hablar de un epifenómeno de la protesta de la Puerta del Sol y otras plazas españolas, donde los jóvenes y profesionales sin empleo han acampado durante una semana convocando a un repudio al sistema. En el mejor de los casos, se ha dado en versión algo más acentuada una tradición de voto de castigo al PSOE de votantes migratorios que normalmente vuelven al redil.

Un síntoma elocuente de cómo la marea azul ha atenuado la fuerza de quienes están acampando en la Puerta del Sol es que, nada más acabada la elección, gremios comerciales que no se atrevían a enfrentarse a los que protestaban empezaron a pedir su retiro. El presidente de la Cámara de Comercio de Madrid pidió al ministro del Interior que intervenga de una vez, aduciendo que las pérdidas en los establecimientos de las inmediaciones asciende ya a 80 por ciento. Si el resultado no hubiera sido tan contundente a favor de la oposición y los de "Democracia real ya" hubieran logrado traducir en votos blancos y nulos o en ausentismo un masivo rechazo al sistema, es altamente improbable que gremios como éstos se habrían animado a pedir mano dura. La actitud, hace pocos días, era de mucho temor a lo que se veía como un movimiento con visos de abarcar a millones de personas y poner de cabeza el sistema. Ni siquiera los afectados respondían al movimiento de las plazas de un modo especialmente frontal.

Que la protesta haya sido opacada por la forma institucional en que los españoles han decidido expresar su rechazo el gobierno de Rodríguez Zapatero no quita que las razones de la protesta sean reales y, por tanto, que el movimiento pueda relanzarse con fuerza un poco más adelante. Después de todo, una de las principales impugnaciones que se hace a Zapatero es haber realizado reformas de austeridad impuestas por la comunidad internacional, algo que si, como ya ha dejado saber, el presidente no convoca a elecciones anticipadas, seguirá efectuando durante el próximo año. Como se sabe, para evitar un rescate financiero como el de Grecia y, más tarde, Irlanda y Portugal, España adoptó hace unos meses medidas de recorte de gasto tendientes a disminuir el déficit fiscal de 12 a seis por ciento del PBI, lo que inevitablemente incluyó reducciones de salarios en la plantilla del Estado. Los recortes, ascendientes a 15 mil millones de euros en su última versión sólo fueron posibles porque los partidos nacionalistas ayudaron al gobierno, mediante el voto o la abstención parlamentaria, a neutralizar la oposición del Partido Popular. La mezcla de efectos directos de la crisis económica y financiera, especialmente el paro, y medidas consideradas de "derecha" por un gobierno de "izquierda", galvanizó el movimiento de protesta, en gran parte alentado y nutrido por gente que se dice "de progreso". Ello supone, por tanto, que en los 10 meses que quedan para la convocatoria a elecciones generales -a menos que Zapatero las termine adelantando ante la presión interna y externa- los elementos precipitadores del fenómeno de protesta seguirán estando presentes.

Una decisión que deberá sopesar mucho Zapatero es la de si esperar los 10 meses y, por tanto, correr con todo el desgaste de un programa de austeridad que de otro modo desgastaría más bien al Partido Popular (partiendo de la base de que las elecciones generales, sean cuando sean, las ganará la oposición), o si lanzar a su partido a la carrera electoral de una vez y así evitarse el repudio de los descontentos. Zapatero sabe que, aunque no tiene votos suficientes para hacer mella al sistema por ahora, esos españoles descontentos sí golpean al PSOE precisamente por estar identificados, aunque sea vagamente, con la izquierda.
No menos delicada es la posición de los "populares". Si el partido liderado por Mariano Rajoy insiste en elecciones adelantadas, a lo mejor las consigue, pero de inmediato afrontará el problema de cómo aplicar el resto del programa de austeridad sin desgastarse rápidamente y multiplicar la plataforma de protesta ciudadana, previsiblemente mucho más motivada contra un gobierno de derecha. Quizá intuyendo esto es que la noche del domingo, mientras miles de militantes reclamaban elecciones anticipadas frente a la calle Génova (sede principal del partido), el líder fue muy ambiguo en lo que respecta a los comicios anticipados.

Las opciones del presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, mientras tanto, se complican aun más por la pugna interna que de inmediato desató el resultado. El presidente del gobierno vasco, Patxi López, uno de los pocos líderes socialistas que sobrevivió con éxito a la jornada electoral, pidió un congreso para elegir al nuevo líder del partido, en contra de la posición que ya había expresado el mandatario a favor de la realización de primarias para elegir al próximo candidato. Esto último, también secundado por la ministra de Defensa y fuerte candidata a hacerse con la representación del partido en los comicios, supondría que Zapatero seguiría como jefe del PSOE mientras que otra persona se presenta a las elecciones generales. Lo que propone López dejaría a Zapatero fuera de toda posición de liderazgo y para todo efecto práctico políticamente enterrado.

Este terremoto interno, producto de la victoria del PP y la peor derrota autonómica y municipal del PSOE, debe poco a la crisis de la protesta en la Puerta del Sol. Y por eso mismo es que muchos observadores nacionales y extranjeros se preguntan en España: ¿Cómo puede la plataforma impactar directamente en la clase política a la que recusa sin una organización formal o un liderazgo que canalice las peticiones y reclamos y dialogue con el poder? Hasta ahora, la plataforma se ha negado enfáticamente a tener líderes y establecer una estructura, conservando un cierto aire anarquista. Pero es precisamente eso lo que ha debilitado su capacidad de presión sobre el sistema y ha sido aprovechado por votantes descontentos para concentrar en el Partido Popular el repudio a Zapatero y el ansia del cambio de rumbo.

La respuesta es que el futuro en ningún caso pinta bien y, por tanto, puede que nuevas jornadas de protesta produzcan una forma más eficaz de oposición por fuera del sistema de partidos. Se prevé que España siga creciendo en el mejor de los casos uno por ciento al año y, por tanto, que el paro siga muy alto, pues ni las administraciones públicas, hoy deficitarias, ni la construcción, que está paralizada tras las pérdidas cuantiosas sufridas, podrán ser el motor del nuevo empleo. La banca tiene pérdidas de 250 mil millones de euros, y aunque está empezando a sanearse, le falta mucho trecho por recorrer. Los servicios, afectados por el clima general, no logran compensar todavía la parálisis de las otras zonas de la actividad económica. Por tanto, el factor esencial del movimiento de protesta no sólo sigue allí, sino que seguirá estando presente por mucho tiempo. Este es quizá el mejor aliado de una plataforma que el último domingo fue claramente vencido por la marea azul.
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