Publicado por Luz Jopia [admin] el 12/12/2015 (198 lecturas)

El encuentro anual de relaciones internacionales de UPLA se realizó este año en Ciudad de Guatemala y estuvo destinado a analizar los procesos migratorios que se están dando en el en el continente y el mundo, junto con los efectos que ello trae consigo tanto a nivel regional como global.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 9/12/2015 (496 lecturas)
(08 de diciembre 2015. El Venezolano).- El expresidente salvadoreño, Armando Calderón, expresó este lunes en la noche que “América Latina y el mundo está celebrándo que se diése un verdadero cambio en Venezuela. Se esperaba que el pueblo se volcara a votar y el pueblo se volcó. Eso ha sido lo maravilloso”.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 28/10/2015 (233 lecturas)
La Fundación Nueva Democracia con el auspicio de la Fundación Konrad Adenauer, invitan a usted a participar en el Foro: Estado de la Democracia 2015 conmemorando los 33 años de democracia en Bolivia, con el propósito de analizar la situación actual, problemas y desafíos de la democracia boliviana.
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Publicado por Luz Jopia [admin] el 27/10/2015 (208 lecturas)
El próximo 22 de noviembre los argentinos elegirán al presidente que conducirá el destino del país los próximos cuatro años, en un balotaje que se presenta electrizante. El pueblo argentino deberá elegir entre la continuidad del modelo kirchnerista encarnado por la candidatura de Daniel Scioli o la alternativa de cambio liderada por Mauricio Macri.
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La hecatombe del oro negro - Por Álvaro Vargas Llosa
Publicado por Luz Jopia [admin] el 7/3/2011 (575 lecturas)

Por Vargas Llosa.
El aumento del barril de crudo no sólo trae consigo dificultades de impacto inmediato en las economías mundiales, sino que también presenta una encrucijada política en donde los gobiernos han tenido que saber buscar soluciones alternativas para paliar el alza.

La disparada del precio del petróleo y las perspectivas de un mundo con el barril a $ 150 debido a las crisis del Medio Oriente, donde están contenidas dos terceras partes de las reservas mundiales, han cubierto de sombras tanto la posibilidad de una recuperación económica como el futuro político de los actuales líderes, empezando por el Presidente Barack Obama y los dirigentes europeos. Ya a mediados de 2008, brevemente, el crudo se había situado en ese nivel de pesadilla, pero cayó a precios psicológicamente más reconfortantes. Desde entonces, nadie había vuelto a pensar seriamente en el oro negro como un riesgo clave, en el corto o mediano plazo, para la economía de un mundo que emerge penosamente de la peor crisis financiera y económica en décadas y para los líderes que ocupan el poder en estos tiempos.
Todo eso cambió esta semana, cuando el Brent Crude -la referencia europea- y el West Texas Intermediate -la referencia estadounidense- superaron las barreras psicológicas a partir de las cuales la economía y la política mundial empiezan a girar en torno al barril de petróleo. Si en las próximas semanas la disparada continúa, la política mundial será puesta de cabeza, empezando por Estados Unidos, donde existe desde los años 70 una honda sensibilidad nacional por el valor del galón de gasolina. Se dice a menudo que el galón es lo que decide una elección. Si es así, Barack Obama, que deberá renovar o acabar mandato el año que viene, está en serios aprietos, como lo estuvo George Bush precisamente a mediados de 2008.
El problema inmediato es Libia. Aunque este país no es el mayor productor ni mucho menos -es el tercero de Africa-, el tipo de crudo que produce, conocido como crudo dulce ligero, debido a que contiene poco azufre, es altamente cotizado, por ser el que menor costo de procesamiento implica y, por tanto, el más atractivo para las refinerías. Muchas refinerías europeas y asiáticas están equipadas para ese tipo de crudo, de modo que una

interrupción de 1,6 millón de barriles que produce Libia, o incluso de una parte de ellos, implicaría un problema serio. Si los europeos se vieran obligados a comprarle petróleo dulce a Argelia y Nigeria, algo que ya se está empezando a discutir seriamente ante la caída de la oferta libia y las amenazas de Muammar Gaddafi, el precio se dispararía aún más, porque los compradores entrarían en competencia con Estados Unidos, que también obtiene en esos dos países africanos petróleo dulce. La guerra de precios entre Washington y las capitales europeas ante el oferente argelino o nigeriano, explicaba el consultor energético Kent Moors a este cronista recientemente, podría elevar los números a topes de terror.
El ofrecimiento de Arabia Saudita -bajo presión estadounidense- de hacer uso de su reserva de cuatro millones de barriles si fuera necesario no pudo impedir que los mercados colocaran el precio por las nubes. La razón en sencilla: no se trata de petróleo dulce ligero.
Pero Libia no es el único factor. Casi todos los países donde hay conflictos en el Medio Oriente y el norte de África en este momento contribuyen decisivamente a cubrir una demanda mundial que alcanza ya los 88,2 millones de barriles diarios. En este momento en que se reaniman un tanto las economías desarrolladas, cabe esperar un aumento de la demanda proveniente de Estados Unidos y Europa, que todavía está por debajo de su nivel de 2007. Y de la demanda de los países emergentes no se diga nada: son los responsables, por su mayor ímpetu económico, de que aumentara la demanda mundial en más de dos millones de barriles en el último año, y se espera que la hagan crecer este año aun más. Por tanto, el panorama de oferta y demanda apunta a un desfase que se traduce ya, en el mercado de futuros, en los precios que hemos visto esta semana.

En Estados Unidos, país donde 700 de cada 1.000 habitantes tienen auto (a diferencia de Europa, donde lo tienen 500 de cada 1.000), la psicosis ha empezado a notarse. Se calcula que cuando la gasolina sube apenas 10 centavos, el costo para todo el país es de 14,6 mil millones de dólares. En los últimos seis meses, en parte por la dinámica de la oferta y la demanda y en parte por miedo a la caída del dólar, ha subido el petróleo, por lo que se ha registrado el aumento del precio de la gasolina de 2,70 a 3,20 dólares el galón, generando protestas y debate público dado el contexto del desempleo. Ahora, el espectro del galón a cuatro dólares ha sembrado miedo en la Casa Blanca. De allí que la Administración Obama maniobrara esta semana desesperadamente para que el Rey Abdullah de Arabia Saudí,

que regresaba de tres meses de tratamiento médico a su país, calmara los mercados con el anuncio de que soltará parte de su reserva y de que evitará un estallido en ese país mediante subsidios sociales por la descomunal cifra de 36 mil millones de dólares. Sin embargo, los factores psicológicos hoy juegan con mucha fuerza el partido y los anuncios no bastaron.
En consecuencia, Obama dejó saber indirectamente, mediante filtraciones del gobierno a la prensa, que la OTAN contempla la perspectiva de intervenir en Libia. Algo parecido hizo David Cameron en Londres. No sólo se trataba de una respuesta política a la alarma humanitaria que cunde en distintos lugares por los muertos en Libia: era un mensaje político enviado a los mercados del crudo para asegurarles que Occidente no permitirá una situación que puede llevar el precio del petróleo incluso muy por encima de los 150 dólares si toda la producción libia se detiene. Estados Unidos importa hoy crudo de Canadá y México, pero este segundo país ha visto su producción decaer precipitamente en años recientes, de manera que la dependencia con respecto a la actual zona de conflicto es, en el corto y mediano plazo, enorme.

Obama vio su popularidad colapsar el año pasado, en gran parte porque la recesión no parecía ceder. Ahora que empieza a sentirse una recuperación en algunos sectores, lo peor que le puede suceder es una economía con el galón, digamos, a cinco dólares. Eso distraería de los bolsillos de las personas decenas y acaso cientos de miles de millones de dólares que de otro modo servirían para consumir otras cosas y, por tanto, sacar de la crisis a productores de diverso tipo. Es decir, contrarrestaría todo lo que ha hecho el gobierno -gasto público y emisión monetaria- para tratar de animar el consumo. A mediados de año empezará la larga carrera presidencial y el mandatario sabe bien que si la crisis del petróleo hace desplomarse la economía, las posibilidades de triunfo son mínimas.

Para Europa, el problema es igualmente complejo. Las economías que han sostenido al continente en medio de la catástrofe vivida por las naciones del sur europeo han sido las del norte. Algunas de ellas son productoras de crudo, en especial las nórdicas, pero otras, como la alemana, gran motor de la UE en este último año con su dinamismo exportador, no. Si se desacelera la recuperación notable que ha tenido esa parte de Europa, la situación del sur podría agravarse infinitamente más de lo que ya está, pues habrá desaparecido el efecto "locomotora" que ha impedido que las cosas sean todavía más

graves allí. Las consecuencias políticas para España, por ejemplo, podrían ser fatales, obligando a Rodríguez Zapatero a adelantar unas elecciones que, según todos los sondeos, perderá con toda seguridad. Ya el viernes su gobierno anunció que impondría límites de velocidad estrictos a los automovilistas -como hizo Estados Unidos en los años 70- para ahorrar energía.
No menos grave, desde el punto de vista político, es que una crisis del petróleo reforzaría a Rusia, el primer productor mundial, país del que los europeos intentan depender menos. Las exportaciones de gas natural ruso, que Moscú utiliza como arma política abiertamente cada vez que quiere, ha empujado a los europeos a buscar formas de abastecerse de fuentes de energía en otras zonas del este. Como ese proceso va lento y la crisis petrolera que parece avecinarse es inmediata, Rusia pisará fuerte y Europa se verá en aprietos para impedirlo.
Las consecuencias en China no son menos sensibles, con la agravante de que la economía mundial depende hoy, para su recuperación plena, del gigante asiático. Aunque la principal fuente de energía en ese país es el carbón, el impacto de un petróleo carísimo en su economía quitaría, se calcula, un punto o más al crecimiento de su producto bruto interno. Considerando que la mitad de los ingresos de las empresas norteamericanas hoy proviene de mercados emergentes, empezando por China, la repercusión sería inmediata en este país.

A mediano plazo, un barril a 150 dólares también significa una irresistible atracción para las empresas energéticas en una época en que los gobiernos intentan reducir la dependencia petrolera. Si tomamos en cuenta que cuesta unos 20 dólares producir un barril de petróleo actualmente, las ganancias que se pueden obtener con un barril a 150 son fabulosas. ¿Qué incentivo pueden tener las compañías petroleras para cambiar de enfoque y apostar a otras fuentes de energía? Como explicaba Michael Lynch, experto energético de MIT, en el New York Times el viernes pasado, Obama ha introducido en el presupuesto de 2012 un subsidio de ocho mil millones de dólares para la energía eólica y los autos eléctricos, dos fuentes alternativas todavía muy discutibles y discutidas que no podrán competir con el petróleo en el corto o mediano plazo. Si el barril sube más, el futuro de las otras energías, gran apuesta de Obama, seguirá siendo inexistente.


Ya la apuesta por el etanol, que el gobierno norteamericano subvenciona a fondo, ha contribuido a provocar una escasez de suelos dedicados al cultivo de alimentos y, por tanto, una crisis social y política ante la disparada de los precios de los granos. Obama y Estados Unidos se van quedando sin muchas armas para defenderse del petróleo. Les queda el gas natural, que tienen en abundancia, pero los actuales precios, que no superan los cuatro dólares, sencillamente no atraen a los inversores. El sueño de "acabar con la dependencia petrolera" y con la contaminación que esa energía produce se ve triplemente impactado por el hecho de que Estados Unidos necesita importarlo, de que los precios, que imantan a los capitales destinados a la energía con fuerza poderosa, están desbocados y de que, en tiempos de emisión monetaria, los inversores lo compran para protegerse de la inflación.

Este es el contexto en el que se empiezan a elevar cada vez con más fuerza las voces que piden intervenir en Libia. Pero, dado el costo enorme de las guerras de Irak y Afganistán, cuyas consecuencias Estados Unidos y la propia Europa siguen soportando, ¿puede darse el lujo el mundo de otra operación militar de pronóstico complejísimo? En cualquier caso, si algo han demostrado intervenciones anteriores es que tienden a disparar los precios del petróleo también. Como se ve, Occidente está metido en una trampa de la que no será nada fácil salir.
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